Qué puedo decir mas que estoy totalmente de acuerdo con este artículo de Manuel. Seguramente cada uno de nosotros conoce a alguien como el descrito en el siguiente artículo o, peor aún, es uno de ellos. Si esa es tu triste realidad, reflexiona.

mmoroca:

“imaginen bajar y bajar libros… es más, bajar todos los cientos de miles de libros de dominio público en Google Books o toda la biblioteca Gutemberg”

Vale, sé que ni me va ni me viene, pero tengo que decirlo porque con la literatura hemos topado Sancho. Uno de los daños colaterales no deseados de la inminente popularización de los lectores de libros electrónicos será la del coleccionismo abusón, pero no del que puedes pensar a priori de paredes y paredes repletas de libros. Tal y como yo lo veo, con la llegada de las videoconsolas surgieron los coleccionistas de videojuegos, lo cual no es malo pero con los avances en la copia privada de estos surgieron los abusones, dícese de aquellos que pueden no jugar nunca jamás a muchos de ellos y casi con seguridad no han acabado un juego completo nunca, cuya única satisfacción es ver aumentar los CD’s grabados en una estantería.

No tienen consciencia de su valor ya no sólo económico, sino cultural del mismo e incluso ético. Detrás está el esfuerzo de mucha gente que tiran por tierra junto con su propia moral. Este hecho podríamos compararlo con el analfabetismo por pura ignorancia y lo que es peor, se replica en otros mercados.

Con la llegada de los reproductores de audio digital y los avances en la extracción de música en formatos más portables como MP3, surgen los coleccionistas abusones de música que descargan y descargan discos aunque no hayan escuchado nunca una sola canción del autor o grupo, y que quizá no hagan nunca, cuya única satisfacción es ver aumentar las horas de reproducción de su biblioteca musical. Analfabetismo.

Igual sucede con las películas de cine con reproductores digitales que soportan formatos portables como DiVX. Descargar ese último éxito de taquilla con toses y cabezas de por medio o esa película que dicen que es mítica por el mero hecho de tenerla ahí aparcada en el disco duro, por si acaso pregunta alguien poder decir que se tiene aunque no se haya visto ni se piense en lo que implica el no apoyar ni a sus creadores ni a sus actores ni a sus productores comprando el producto o acudiendo a una sala de cine. Analfabetismo.

Como es de suponer, igual va a suceder con los libros electrónicos en cuanto los lectores portátiles de los mismos como Kindle o Nook alcancen un mínimo nivel de popularidad. La cita que abre esta entrada no tiene por qué ser malintencionada, probablemente sólo indica la posibilidad que se abre ante nuestros ojos por el hecho de tener al alcance de la mano tanta información y literatura como podamos asimilar pero surgirán los coleccionistas abusones, por supuesto. Libros y libros serán descargados para no ser leídos, para reposar sus portadas en una biblioteca digital perfectamente ordenada por si nos preguntan, aunque no hayamos abierto el archivo ni pasado una sola página de estos. Magníficas obras ejemplares se mezclarán con los últimos best-seller, todos alfabéticamente cerrados y cogiendo polvo digital en una tarjeta de memoria, mientras la prensa del día, la red social de turno o con suerte algún blog, pasan por la pantalla de tinta digital.

Analfabetismo, digital pero analfabetismo al fin y al cabo, y poniendo un precio desorbitado a las publicaciones no lo vamos a corregir, se debe educar.